sábado, 21 de febrero de 2009

ENTRE LOS MAS ABANDONADOS Y EN PELIGRO

Mis queridos amigos:

Escribe Don Bosco en las Memorias del Oratorio, refiriéndose a los orígenes de Valdocco y el inicio de los talleres en el Oratorio:
“Apenas se pudo disponer de otras habitaciones, aumentó el número de aprendices artesanos, que llegó a ser de quince; todos escogidos de entre los más abandonados y en peligro” (en el original añade: 1847).


Don Bosco escogió, lo expresa él mismo con claridad, a los jóvenes más abandonados y en peligro para el inicio de su oratorio. En nuestra familia, la preocupación por los últimos, por los más pobres, por los más abandonados ha sido siempre una constante y es una herencia comprometedora que hemos recibido de nuestro padre.

La preocupación social, el compromiso transformador, el sentido de la justicia y la sensibilidad hacia los últimos han sido siempre características de su acción pastoral y han vertebrado su misión.


Como muestra, un botón. En el archivo central de la Congregación Salesiana en Roma se conservan unos documentos inéditos y sorprendentes: un contrato de aprendizaje fechado en 1851; un segundo contrato, también de aprendizaje y éste en papel timbrado, fechado un año más tarde, 8 de febrero de 1852; algunos más fechados en 1855 ya bien estructurados y estandarizados con cláusulas bien concretas. Todos ellos están firmados por el patrón, el aprendiz y Don Bosco.


Curioso ¿no? Tanto más cuanto en la época no era habitual preservar los derechos de los trabajadores más jóvenes y éstos se veían sometidos a vejaciones y eran explotados sin contemplaciones por los patronos, muchos de ellos sin escrúpulos.


Don Bosco dio pasos decididos en la defensa de los más pobres y se comprometió firmemente en asegurar para sus muchachos condiciones de vida, dignas y justas. Su visita a las fábricas, a las obras, a los talleres para conocer de primera mano la situación de los jóvenes trabajadores no le dejó indiferente.


Impresionan estos “contratos de aprendices” redactados “a pie de obra” para exigir la garantía de los derechos fundamentales de los muchachos: salud física, descanso los días festivos, salario justo, atención médica… ¡Don Bosco fue auténticamente un pionero en la lucha social y la defensa de los más débiles!


Don Bosco miró a su alrededor y no dudó en tomar cartas en el asunto. Su contacto con los arrabales de Turín, con la miseria de sus calles, con la penuria de sus gentes, le hizo implicarse en la realidad y buscar soluciones creativas para afrontar el necesario cambio social.


A nosotros nos toca renovar esta actitud de encarnación en la realidad social y la búsqueda de soluciones a las viejas y siempre nuevas pobrezas juveniles. Nuestro padre supo conciliar la prudencia y la audacia pero no escatimó esfuerzos hasta la temeridad para ocuparse de los últimos.


Abandono, soledad, fracaso escolar, falta de expectativas, marginalidad, exclusión social… realidades que hoy están a nuestro alrededor y que requieren la mirada atenta del educador y el compromiso creativo y transformador de todos los que hemos recibido el “testigo” de Don Bosco.


Vuestro amigo,
José Miguel Núñez

domingo, 1 de febrero de 2009

ESTAR JUNTO A DON BOSCO

Mis queridos amigos:

Un saludo cordial al inicio del nuevo año y mis mejores deseos de bienaventuranzas para todos en este 2009. Comenzamos el mes de Don Bosco y es una estupenda oportunidad para acercarnos más a él y seguir descubriendo los tesoros de su persona, de su experiencia de Dios, de su proyecto liberador para los jóvenes, de su propuesta pedagógica siempre actual.
Ante el inicio de un año nuevo, Don Bosco solía aprovechar las buenas noches del 31 de diciembre para dar a sus chavales el “aguinaldo”, esto es, un recuerdo espiritual para el nuevo año. En 1859, comenzó de esta manera:
“Mis queridos hijos, vosotros sabéis cuánto os quiero y cómo me he consagrado por entero a haceros el mayor bien que me sea dado. Ese poquito de ciencia, ese poquito de experiencia que he adquirido, cuanto soy y cuanto poseo, oraciones, fatigas, salud, mi vida misma, todo deseo emplearlo en vuestro servicio. Todos los días y para cualquier cosa podéis contar conmigo. Por mi parte, y como aguinaldo, me doy a vosotros por entero; será cosa pequeña, pero cuando os lo doy, quiero decir que nada me reservo para mí”.
Sin duda, Don Bosco en estado puro. Palabras pronunciadas desde el corazón, llenas de familiaridad y afecto, cargadas de fuerza porque sostenidas con la experiencia que los propios muchachos tenían cada día de cercanía y cariño de parte del padre de la casa que no escatimaba esfuerzos para abrirles senderos de esperanza en medio de dificultades y sinsabores.
Todos sabían que Don Bosco no decía aquellas palabras para la ocasión. ¡Habían vivido tantas veces este “darse por entero” de aquel pequeño sacerdote de corazón grande! Por eso aquellas “buenas noches” debieron abrigar el alma, tan al aire, de muchos de aquellos jóvenes esarrapados, desconcertados y sin demasiadas perspectivas. Había motivos para la confianza. Aquel cura se ocupaba de ellos como un padre bueno lo hace con sus hijos. Para los jóvenes del Oratorio, estar junto a Don Bosco era una alegría. Uno de sus muchachos, de los que oyó tantas veces “buenas noches” como éstas, escribió:
“Con frecuencia decíamos entre nosotros: ¡Qué gusto da estar cerca de Don Bosco! Quien puede hablarle un instante, enseguida se siente lleno de confianza” (Juan Bautista Francesia). ¿Os dais cuenta? ¡Estar cerca de Don Bosco! De eso se trata también para nosotros. Acercarnos a Don Bosco, escucharlo, conocerlo, hacerlo nuestro. Volvamos a entusiasmarnos, siempre y en toda ocasión, con Don Bosco. Vivámoslo, vibremos con él, démoslo a conocer y entusiasmemos a muchos a que quieran vivir como él. Es la experiencia de Miguel Rua: “He vivido al lado de Don Bosco por espacio de treinta y siete años… Me impresionaba más observar a Don Bosco y estar junto a él que leer y meditar cualquier libro de devoción”(Miguel Rua). Estar junto a Don Bosco. Éste es el mejor aguinaldo para este año. Nuestro padre nos recuerda, como en aquel lejano 1859: “¡Podéis contar conmigo!”. Él seguirá, desde el cielo, susurrándonos al oído la buena noticia del amor de Dios que como pan tierno y blanco sus hijos seguirán partiendo siempre entre los
jóvenes. Buen mes de Don Bosco.
Vuestro amigo, José Miguel Núñez
Enero 2009.